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Desconectada del amor

 La historia de una mujer que tuvo amorío por un solo objetivo

Desconectada del amor

Ella, a pesar de lo amable y amorosa que es con las personas que la rodean, no logro enamorarse.


Eran exactamente las 12:30p.m. de un 25 de julio del año 1995 cuando una mujer de 1,52m de estatura, piel morena, sonrisa radiante, y unos lentes que no podían tapar el brillo de sus ojos marrones. Iba saliendo a almorzar, luego de terminar su jornada laboral en la oficina de Avianca, quien trabajaba como analista de cuentas.

Mientras caminaba algunas cuadras para despejar la mente antes de llegar al restaurante, empezó a observar a un hombre que venía caminando desesperadamente con un papel en las manos, le corría el sudor como agua del rio, y con la mirada perdida en las calles. Con rasgos japoneses, y ropa muy relajada típica del caribe. A medida que iban caminando, comenzaron a cruzar miradas como si se conocieran desde mucho antes, y se hubiesen visto luego de un largo tiempo. Por esto, la mujer decidió acercarse y preguntarle hacia donde se dirigía y qué le pasaba. En ese momento él levanta la mirada y ve profundamente a los ojos a esta mujer que podría ser su salvación. Él le respondió en inglés, de suerte, la mujer hablaba fluidamente el idioma y pudo entenderlo y explicarle hacia donde tenía que dirigirse para poder llegar a su destino. El hombre, quien quedo conmovido con el brillo de sus ojos, decidió tirarse al abismo y pedirle el número de celular, sacando como excusa, que, si se llegaba a perder, la llamaría, entonces, ella se dejó llevar por la conexión que fluyo y le dio número.

Transcurrieron unos días, y la mujer ha recibido una llamada de un número extraño e inmediatamente lo relacionó con el japonés. Ella ya no esperaba recibir esa llamada, pero aun así no perdía la ilusión que podría ser él. Efectivamente, era aquel hombre hablándole en inglés, quien la estaba invitando a cenar. Con una enorme sonrisa, la mujer aceptó la invitación, dejándose llevar de lo que su corazón estaba sintiendo en ese momento.  Era un hombre atento, respetuoso y muy detallista, en cambio, ella era todo lo opuesto a él, era de mostrar muy poco sus sentimientos, poco detallista y muy desprendida del amor. Esta mujer solo le pedía a Dios tener un bebé, no pretendía tener una relación y mucho menos quería casarse como “todas las mujeres”, porque su único sueño era tener su hijo.

Paso un año, este hombre no permanecía en la ciudad de Barranquilla, debido a que, su trabajo no se lo permitía, pues traía telas de Japón para venderlas en el país, y por supuesto, le tocaba viajar muy seguido, por esto, se veían cada tres meses en la ciudad de Barranquilla o en ocasiones ella viajaba a Bogotá donde él tenía otra empresa. Mantenían una relación bastante abierta, pero nunca se dejaban de comunicar.

En 1996 tuvieron un bebé, el cual no esperaban, pero de igual los dos quisieron tenerlo, y le pusieron el mismo nombre de su padre Akira Yano. El japonés llegó a la ciudad para conocerlo y por supuesto, a brindarle toda la atención y el amor del mundo.

Al año siguiente, esta mujer preocupada porque el hombre no se había reportado durante varias semanas, decide llamar a la empresa de Bogotá para averiguar si él se encontraba allá. Contesto la secretaria del hombre, y le da la noticia que su pareja, había fallecido en Japón tras un infarto. Ella no supo que decir en ese momento, solamente brotaban lágrimas y un nudo en la garganta que entrecortaba su voz. A pesar que no estaban todo el tiempo juntos y que su único propósito en la relación era tener su bebé, ella llego a quererlo mucho por todo lo que él hacía por ella y por su familia.  

A sus 32 años era su primera relación, de la cual, consiguió lo que tanto le había pedido a Dios, pero que lastimosamente nunca llego a enamorarse de ese hombre, porque el amor no era lo de ella. Tiempo después, no se interesó en tener ninguna otra relación, solo le importaba su trabajo y su hijo, en cómo guerreárselas para salir adelante siendo madre soltera, que, por suerte, contó con el apoyo de sus padres.


Empezó a trabajar desde su casa alquilando togas para algunos colegios en la época de grados y de esta manera fortalecía su hogar. Al pasar unos meses, una amiga decide ayudarla a buscar trabajo como secretaria en el programa de Ingeniera en la Universidad Autónoma del Caribe, en donde duro un año ejerciendo esa labor, debido a que, los turnos eran muy pesados porque su bebé estaba muy pequeño, ella decide meter una petición para pedir el cambio de turno o en su defecto de programa. Es ahí, cuando a Adela Concepción Hernández Maldonado le dan el puesto de trabajo ubicado en el bloque i, en el sexto piso, en la facultad de Comunicación Social-Periodismo como secretaria. Y desde entonces, se ha esmerado por ayudar a los estudiantes, profesores, padres de familias y demás individuos que la necesiten, porque esa mujer tan amable, respetuosa, responsable y sobre todo muy carismática, es quien ha estado separada del amor, pero tan apegada al servicio de las personas.



 

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